Historia

Conoce

su historia

Casi 100 años de antigüedad

 

Fundado en

1921

El España recogió el testigo de un establecimiento anterior, El Alhambra, que a su vez, había sido anteriormente una carnicería. Fue Hidalgo quien en un primer momento abrió el España y tras su muerte la misma noche de su boda, el local pasó a manos de su hermano Gerardo Saldaña, un entrañable personaje muy querido en la ciudad, que hizo famosa la frase, “!Vamos al España, que está abierto!”.

Tradición

bohemia

Hay quien dice que el España rescató para Burgos la imagen del local bohemio. Es el Café más antiguo de Burgos, con más solera y tradición de la ciudad. Desde los años veinte se han sentado al pié de sus mesas de mármol lo mejor y más activo de la cultura local, ha sido lugar de encuentro de jazz, se han escrito relatos, poesías y protagonizado numerosas tertulias con especial énfasis en el mundo de los toros. No en vano fue aquí donde se constituyó la primera peña taurina de la ciudad.

 

Una historia

Dos fotografías

La historia del España puede recogerse en dos fotografías. Una se realizó en 1932, por el fotógrafo local El Ranilla, en ella los habituales del establecimiento fueron retratados  en una imagen histórica actualmente reproducida en los posavasos del local. Junto a ellos Gerardo, en aquel momento adolescente e Hidalgo en el centro del grupo, gerente en aquel momento. Pasaron los años y fue en 1988, cuando se tomó la segunda fotografía, en la que Gerardo Saldaña, aquel niño de principios de los 30, posa ahora anciano, en el mismo lugar frente a la fachada del Café, acompañado por distintos personajes de la cultura local de los ochenta.

 

historia

 

Un lugar

simbólico

Es a partir de ese momento cuando empieza una nueva etapa del Café España, de la mano de Ignacio Bacigalupe.  Tras una cuidada reforma en la que se intentó mantener intacta la memoria del lugar, hoy se conservan en sus paredes fotografías y objetos que marcan su historia y estuvieron allí desde el principio. Merece mención la cafetera de los años veinte y la máquina registradora que aún marca dos pesetas, además de mus mesas de mármol y toda su decoración casi intacta por el tiempo. El Café con clara orientación cultural desde un principio, se ha convertido en un lugar simbólico para la ciudad.